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Sinópsis
El aprendiz de Dooku, Qui-Gon Jinn ya ha superado las pruebas. Las responsabilidades como jedi ocupan todo su tiempo y energía, esfuerzo que parece no tener el suficiente retorno. El día a día de los jedis continúa carente de significado, limitando su acción a poner parches sobre heridas políticas. En esta ocasión una de las maestras jedi del consejo ha muerto en una misión. Los caballeros jedi Dooku y Windu han sido convocados para escoltar el cuerpo de la maestra caída.
Tras ver el capítulo
Quince minutos no son suficientes para grandes giros en la trama. De hecho, todo lo bueno que ofrece el capítulo es presentar la acción como si se tratara de algo rutinario. La apertura, el protagonista y el conflicto albergan muchas similitudes con el capítulo anterior. Sin embargo, la diferencia la marca el compañero. Mace Windu no es un aprendiz, sino un igual para Dooku. No se deben obediencia, solo respeto mutuo. Ambos se reconocen entre sí como grandes caballeros jedi, hábiles con el sable y sabios.
Aunque como esgrimistas ambos sean excelentes, sus enfoques e idearios no pueden ser más diferentes. Mace Windu representa todo lo que está bien desde un punto de vista moral. Acepta la legalidad, es abnegado, no trata de imponerse a nadie y cumple con su cometido. En el otro extremo del bien, se encuentra Dooku, que tiene una visión más compleja y virtuosa del bien. Conoce los riesgos y aún así decide extralimitarse en sus acciones. También es abnegado, pues cuando se entrega a una causa no necesita que Mace, el Senado o el Consejo la compartan. Entiende la ley y la jerarquía, pero en ocasiones decide transgredir a costa de su libertad por causa del bien.
Durante un cuarto de hora sentimos como la ley deja escapar a la virtud. “El consejo ya ha dado una orden” es un ruido que se cuela sin permiso en el oído de Dooku, pero que el espectador necesita ensordecer. No creo que el capítulo sea una oda a la rebeldía, sino un aplauso a la conciencia.
La “fuerza” del relato
Apenas hace falta ver el primer diálogo entre los jedi para sacar conclusiones. Justo antes de aterrizar la respuesta de Dooku se adelanta a lo que veremos, y el proceso interior que desarrollará: “Amigo mio, tu devoción por las normas a veces me inspira y otras me frustra.” Que las normas inspiren significa que protegen, que tienen un sentido y seguirlas te posiciona en lo correcto. Pero qué ocurre cuando lo correcto es enemigo de lo bueno. Con el tiempo, satisfacer las normas no es sinónimo de virtud.
Los jedi renuncian por su ley a familia, origen, herencia, posesiones y proyectos individuales. Ante tal sacrificio no es descabellado ser exigente y celoso de la misión que desempeñan. Aquí entra en juego la frustración. Dotar de sentido el propio sacrificio y consagrar lo que uno es a causas mejores es la máxima potencia a la que elevar una vida. Sin embargo, acabamos de ver cómo, al final de todo, se premia a Windu con un puesto en el Alto Consejo. ¿Significa esto que lo correcto es mejor que lo virtuoso? ¿Es más importante no ser problemático antes que obrar según la conciencia? A mi entender no. Pero quizá la permanente batalla que libra el idealismo sea contra el cinismo.
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