Episodio I: La Amenaza Fantasma

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Qui Gon Jinn

Antes de ver la película

La amenaza fantasma es una película profundamente fascinada por la política galáctica que, paradójicamente, intenta venderse como una aventura espacial para todos los públicos. Mientras dos Jedi lidian con negociaciones comerciales que derivan en un conflicto armado, la historia deposita el destino de la galaxia sobre un niño prodigio y una cantidad sorprendente de burocracia interplanetaria. Entre carreras de vainas, profecías y criaturas digitales, la película funciona como el extraño prólogo de una tragedia mucho mayor, dejando la constante sensación de que lo más importante no es lo que ocurre en pantalla, sino todo lo que se está preparando para el futuro.

Si has visto la película…

…deberías saber que en 1999 fue duramente criticada —y lo sigue siendo hoy en día— por el excesivo peso de su trama política. A mi parecer, aunque no es la entrega con mayor carga en este aspecto, sí es la que presenta este componente de la forma más explícita y diferenciada. Si la analizamos en profundidad, no solo como pieza cinematográfica sino como estructura narrativa, podemos trazar cuatro arcos principales:

  • El arco de Naboo: Nos introduce en un conflicto que ya ha comenzado. La película no muestra la llegada de la Federación de Comercio, la elección de la reina o el envío de la nave consular; la trama arranca de inmediato y los personajes se van presentando a medida que la narrativa los necesita.
  • El arco de Tatooine: Como si de un pasaje bíblico se tratase, un salvador surge de entre las dunas. Nacido de una virgen y en el estrato social más bajo, aparece un ser humano cargado de bondad y de capacidades inexplicables.
  • El arco de Coruscant: El Senado ya no es solo una mención lejana como en la entrega original de 1977; aquí se convierte en un escenario de vital importancia para el conflicto en ciernes.
  • El arco de acción: Considerado por muchos el núcleo de la película, una descripción merecida si tenemos en cuenta que introduce al villano con más carisma de la franquicia: Darth Maul. Aunque el clímax también ocurre en Naboo, la trascendencia de estos acontecimientos forma parte de la estructura narrativa de la saga, más que de la propia cultura de dicho planeta.

Así como se identifican estos cuatro arcos, la obra también despliega cuatro dimensiones temáticas a través de sus acontecimientos:

Un relato social

Una galaxia repleta de planetas diversos y soberanos se ve amenazada por corporaciones económicas que se valen de la lentitud de la justicia y de la ambigüedad legal para obtener beneficios ilícitos. En medio de una crisis de esta magnitud, la República Galáctica confía una negociación amistosa a unos monjes (los Jedi). Sin embargo, la existencia de milicias privadas y el exceso de burocracia permiten que la Federación controle unilateralmente un planeta democrático. En este ecosistema, el virrey Gunray solo tiene un criterio para decidir su próxima acción: la estricta legalidad formal. La crudeza de este conflicto radica en que la Federación de Comercio solo intentaba forzar un tratado para conseguir un respaldo legal a acciones que carecían por completo de ética.

Un relato existencial

En las calles de Tatooine se conocen Padmé y Anakin. El niño, sentado tras el mostrador de la tienda en la que trabaja, se presenta como piloto, mecánico y soñador. A medida que la reina escucha la historia del joven, se anima a preguntarle si es un esclavo. La respuesta del niño es implacable, decidida y de un tono firme: “Soy una persona y mi nombre es Anakin”. Él reconocía que lo habían vendido, que no podría escapar de Watto y que ocupaba el peldaño más bajo de su sociedad; pero, a sus ojos, no era un esclavo. Sabía que esa condición no sería eterna y, por mucho que conociese las reglas de su entorno, no tenía por qué conformarse con ellas.

La reacción del niño se explica al conocer a Shmi. La madre crió a su hijo para la libertad. Ella no podía proporcionarle nada más que una vida de servidumbre, pero sí pudo prepararlo para vivir en un universo mucho más grande que sus propios límites. Aquí reside la amargura de la despedida entre ambos: un plano horizontal en el que Anakin avanza sin mirar atrás, contrastado con el plano lateral de la madre, donde solo se ven sus manos posadas sobre los hombros de su hijo. No es una despedida definitiva, pues aunque el niño creció al amparo de su madre, ella lo educó para que fuese capaz de ver los mundos que ella jamás podría alcanzar.

Un relato político

Si prestamos atención a la introducción, percibiremos que la reina de Naboo no ha heredado su título, sino que ha sido elegida jefa de Estado para una legislatura formal. De aquí en adelante, la saga descubrirá diversos planetas y civilizaciones con diferentes sistemas políticos, pero con garantías democráticas. En la película presenciamos dos caras de la democracia:

  • La democracia fuerte de Naboo: Poseen una constitución, elecciones periódicas, división de poderes, cuerpos diplomáticos, respeto hacia otras civilizaciones y un fuerte compromiso con la colaboración internacional. Para los gobernantes de la ciudad de Theed, la prioridad es el pueblo al que representan, y lo demuestran anteponiendo su propia seguridad en favor de los ciudadanos.
  • La débil democracia central: Coruscant, la capital, alberga las sedes de los tribunales superiores y el Senado Galáctico. Sin embargo, su prioridad es mantener el statu quo y no proteger a los ciudadanos de la República. Frente a las amenazas y los cambios, solo saben responder con comisiones, comités y trabas burocráticas. La normalización de estos retrasos solo favorece a aquellos que quieren beneficiarse del caos.

Y es que queda claro que un pueblo no solo necesita democracia, sino también una gobernanza firmemente basada en el bien común.

Un relato de dualidad

Duel of the Fates es una de las piezas musicales más relevantes e icónicas de la historia del cine. Durante sus cinco minutos de duración, presenciamos la batalla física entre quienes poseen conciencia y quienes anhelan el poder absoluto. Darth Maul es un villano magistralmente construido para representar la maldad encarnada, y su objetivo es derrotar a Qui-Gon Jinn, el Jedi que otorga el mayor peso a su propia brújula moral.

Este conflicto, que disfrutamos en pantalla a través de sables de luz y acrobacias imposibles, no es muy diferente del que libramos internamente cada uno de nosotros. Esos debates internos también pueden saldarse con bajas en ambos bandos; pero, aun en esos términos, merece la pena reflexionar sobre qué ideales logran sobrevivir a cada uno de nuestros conflictos.

En definitiva

Y al final del día, creo que es muy fácil quedarse con el meme. Es facilísimo reducir La amenaza fantasma a un festival de CGI prematuro, a juguetes de plástico y al alivio cómico de turno. Pero cuando apartas todo ese ruido… lo que queda es una obra profundamente cínica, y a la vez, trágicamente profética.

Lucas no nos estaba contando el clásico viaje del héroe; nos estaba documentando un colapso sistémico. Nos estaba diciendo que el verdadero mal, el que de verdad importa, no necesita llegar a bordo de una Estrella de la Muerte. El mal llega en forma de comités, de vacíos legales, de señores acomodados en escaños flotantes que deciden que el sufrimiento de un planeta entero es un problema para la semana que viene.

Y en medio de esa maquinaria burocrática, fría e insensible, tienes a un niño. Un chaval de Tatooine que no se considera un esclavo porque se niega a aceptar las reglas de su mundo, pero que, irremediablemente, acabará siendo la víctima definitiva de un ecosistema galáctico que está roto desde sus mismísimos cimientos. Ese es el verdadero peso de la película. La amenaza fantasma es el prólogo de una tragedia inabarcable; es la constatación de que las democracias no mueren con un gran estruendo ni con sables de luz, sino con el silencio cómplice de aquellos que deciden mirar hacia otro lado.

Y eso, si me preguntáis a mí… es aterradoramente fascinante.